ANHELO: La Clave del Buen Interiorismo

Escrito por Lety Mojica


Dentro del interiorismo contemplar nos ayuda a conocer, y aunque hay miles de preguntas y puntos a abordar en cuanto a mobiliario, color, tendencias, etc., es necesario tornar la mirada al proceso. Contemplar las ideas que surgen de todo acto creativo y que existen detrás de la belleza de un espacio: silencio y anhelo, ideas sencillas que me parecen esenciales para crear interiores con el corazón.


Para empezar, me gustaría comenzar con la siguiente idea: sin el silencio no podemos mirar dentro. El silencio es el primer punto de partida dentro de un proceso de diseño.


Max Picard, escritor y filósofo suizo dice:

Nada ha cambiado tanto la naturaleza humana como la pérdida del silencio, el silencio ya no existe como un mundo entero, sino sólo en fragmentos, como restos de un mundo.”

Se trata de un ejercicio de interiorización, una pausa para callar el ruido de las ideas visuales y contemplar los anhelos reales del habitante. Qué espera él del espacio y el espacio de él. Pallasmaa nos dice que los edificios son casas de almacenaje y museos del tiempo y del silencio. Y es que en cada rincón de los espacios que habitamos hemos proyectado y escondido pequeños fragmentos de nuestra historia. En silencio creamos collages llenos de sentimientos, olores, luz y anhelos. Espacios anónimos llenos de esencias. De esta forma podemos entender que la construcción del espacio también se compone por fragmentos de nuestra vida.


Esta pauta nos ayudará a silenciar nuestras grandes aportaciones y dar paso a comprender la historia de vida del habitante y sus más profundos anhelos.


Segunda idea: anhelos cultivados. Un anhelo consiste en un deseo intenso que tenemos de algo, ya sea material o simbólico. El anhelo suele asociarse directamente con nuestro lado afectivo, nos volvemos por instantes seres conscientes de lo sensible. Y muchas veces estos anhelos se transforman en metas para nosotros. Somos capaces de materializar nuestros sentimientos, del mundo de las ideas, al mundo material. Por esto cada rincón cuenta una historia, y no son los objetos en sí, sino el verso que existe alrededor de ellos, incluso el porqué fueron seleccionados y puestos en el lugar. El diseño de interiores no trata simplemente de la elección de objetos puestos entre muros, sino en el discurso flotante que existe alrededor de estos, y como invita al usuario a desenvolverse con ellos. Se trata de mirar a través de atmósferas que encapsulan historias cotidianas, rutinas que solo se hacen visibles por el paso del tiempo. La experiencia dentro de un espacio siempre supone un intercambio, yo me fijo en un espacio y el espacio se fija en mí. Por tanto, cada rincón hasta el más olvidado debería ser visto y habitado. Cada rincón debe inspirarnos, concretar nuestros anhelos y preservar nuestros recuerdos.


La arquitectura tiene la capacidad de transformar, acelerar, ralentizar y detener el tiempo, de proyectar situaciones humanas. Un ejemplo de esto podemos verlo en las ruinas o escenarios erosionados, lo incompleto y lo fragmentado tienen un especial poder de evocación. Al ver estos escenarios nuestros pensamientos logran cuestionar los cientos de historias y personas que habitaron estos impresionantes lugares, y que solo aquellos muros desgastados fueron testigos. Es precisamente en este punto donde radica la importancia del interiorismo, la evocación de buenas memorias, de espacios que nos inspiran, pues cada día estamos continuamente proyectando sentido y significado en lo que hacemos. Los objetos juegan un papel importante dentro de nuestro proceso de recordar, esta es la razón por la cual los tenemos.


Varios autores plantean que la concepción del espacio consiste en tres tipos de elementos mentales o simbólicos: en aquellos elementos hechos con cimientos, en los elementos relacionados con la vida personal y la identidad del habitante y en los elementos que hablan de símbolos sociales, cuyo objetivo es dar cierta imagen. El interior es parte de un todo, es parte de nuestras mentes y nuestra alma, es parte de nuestro nido, y este nido de la ciudad, la ciudad de un conglomerado de ciudades. Al final todo es espacio y es en él, dónde depositamos lo que somos y lo que más anhelamos.