Antes de Nuestra Ciudad, la Selva Baja Caducifolia

Escrito por Ricardo Ibelles


Las ciudades se asientan en un territorio que antes del concreto, el asfalto y los tabiques de las calles y edificios estaba cubierto por vegetación que en el caso de nuestra ciudad, León, Guanajuato corresponde al de un ecosistema denominado SELVA BAJA CADUCIFOLIA, que incluye una riqueza importante de flora y fauna que para el caso de la primera representa la presencia de casi 6,000 especies.


Algunas áreas relictas que nos permiten ver la fisonomía de la selva baja caducifolia están en las zonas más accidentadas en la periferia de la ciudad, la abundante vegetación aún es el hábitat de fauna nativa: tlacuaches, zorrillos, mapaches y una cantidad considerable de aves. Todo desaparece cuando construimos nuestras casas.


La reflexión que ahora queremos hacer consiste en dejar de lado la visión antropocéntrica bajo la cual tomamos decisiones, incluida la de plantar en las áreas públicas una diversidad de ejemplares de especies que no corresponden al ecosistema de nuestra región.


La domesticación de la vegetación dio lugar a la agricultura y a nuestro paso del nomadismo al sedentarismo y con ello a los primeros asentamientos humanos que con el tiempo se han convertido en las ciudades actuales. En el transcurso del tiempo, también las especies arbóreas, muy probablemente iniciando con aquellas que proporcionaban frutos fueron seleccionadas, cultivadas y mejoradas.


El aspecto ornamental debió de ser el último en ser considerado y con ello el manejo de aquellas especies que ofrecían formas, colores, tamaño y todos esos aspectos gratos a la vista del hombre. Después los viajes y el intercambio comercial permitieron el traslado de especies, vistosas, que se fueron introduciendo para dar gusto y cambiar la fisonomía de los espacios verdes de las ciudades.


La presencia de especies exóticas se ha dado en México desde la época virreinal; las consecuencias son evidentes con la presencia en el Bajío del Pirul, Shinus molle, especie proveniente de Perú que ha sentado sus reales hasta nuestros días desplazando a especies nativas y cambiando la fisonomía del paisaje. La sustitución de los fresnos, Fraxinus uhdei, de la Calzada de los Héroes por ejemplares de Laurel de la India, Ficus microcarpa, también impactó en el paisaje urbano.


Las buenas prácticas de paisajismo en la actualidad contemplan que además de los aspectos ornamentales del arbolado urbano es necesario considerar los servicios sistémicos y la salvaguarda de la biodiversidad del territorio, lo que implica el uso de especies nativas. Naturar la ciudad implica acondicionar el ecosistema que hemos perdido y eso se logra, en el caso de León, con la reincorporación de las especies nativas de la selva baja caducifolia.


Desde nuestra actividad profesional hay diversas tareas por realizar. Es necesario conocer las especies nativas y por el otro trabajar en su domesticación para adaptarlas al ambiente urbano. Mantener espacios con las condiciones originales, sin desmontar y eliminar la vegetación, también es una acción que nos va a reconciliar con el lugar donde vivimos.