Apología de la Arquitectura de Cristial | Una Oda y Agonía a la Transparencia Social

ANÁLISIS DEL TEXTO DE LOS PASAJES DE WALTER BENJAMIN


Escrito por Susana Lopez


La transparencia. Fue y sigue siendo los sistemas políticos, económicos y sociales regidores de la Arquitectura que nos circunda y que practicamos. En la automatización diaria, muchas ocasiones no reparamos en ello. El capitalismo (inserte aquí cualquiera de su modalidad) encarna la voluntad de excluir el mundo exterior, de retirarse en un interior absoluto, confortable, decorado, suficientemente grande como para que no nos sintamos encerrados. La pandemia reciente ha sido la encarnación más dolorosa y consciente, de este encierro, que entre más lujoso, será menos atormentado. La “autoayuda” el “autoconocimiento” el “autocrecimiento” son deseos del sistema para que nos hagamos cargo de nosotros mismos de las heridas de las fallas estructurales del sistema. El Palacio de Cristal de Paxon a finales del siglo XIX, fue una oda que perpetúa nuestra agonía. Un palacio de cristal urbano, con sus calles peatonales y sus casas con aire acondicionado, fascinación del protoburgués, son antecedentes a la visión de Sloterdijk en las galerías y calles comerciales del París de Walter Benjamin, en donde el régimen de Napoleón III expresó su verdadera naturaleza tratando de transformar el mundo interior en una especie de fantasmagoría, un gran salón abierto donde uno conecta con el exterior sin estar obligado a salir de casa.

Para Benjamin, también ese era el fantasma burgués de base, querer disfrutar de la totalidad de los frutos del mundo sin tener que salir del refugio. No es exactamente esto que se vivió un siglo atrás lo que seguimos viviendo ahora?

La transparencia del palacio genera la ilusión a los ciudadanos de la periferia de poder participar de su confort y seguridad. El palacio se hace desear, se propone como ideal de desarrollo para los perdedores de la historia ocultando las fronteras que los dividen, invisibilizando sus rigurosas medidas de control, si observamos la evolución de la Arquitectura desde finales del siglo XIX su acercamiento al movimiento moderno, al estilo Internacional y la arquitectura contemporánea, el edificio de cristal encierra lo deseado, lo que está detrás del aparador.

Si hubiera que ampliar las investigaciones de Benjamin al siglo XX y principios del XXI, sería necesario tomar como punto de partida los modelos arquitectónicos del presente: centros comerciales, edificios de oficinas, estadios, espacios públicos cubiertos, edificios de gobierno, casas de bolsa, sin duda alguna, los pasajes para Benjamin encarnaron una sugestiva idea del espacio en los principios del consumismo. Consumaron la fusión de interior y exterior, la anulación de la frontera, se erigiría así templo del capital mercantil, una voluptuosa calle del comercio. El mundo burgués quiere mostrar todas las cosas bajo la luz. La exposición en las redes de los “palacios” de las celebridades o de políticos, nos hacen parecer “accesibles” por el autoengaño de que podemos mirarlos, como sucedió con el Palacio de Cristal hace dos siglos.

Un escenario de una feria que hipnotiza a los clientes hasta el final de la visita, y ahora sucede también virtual. Sin embargo, el Palacio de Cristal, el de Londres, que primero albergó las Exposiciones Universales y luego un centro lúdico consagrado a la “educación del pueblo”, y aún más, el que aparece en el texto de Dostoievsky y que hacía de toda la sociedad un “objeto de exposición” ante sí misma, apuntaba mucho más allá que la arquitectura de los pasajes (descripciones de la sociedad) de Benjamin.

Los pasajes contribuyera a glorificar y hacer “confortable” o asimilable el capitalismo, el Palacio de Cristal –la estructura arquitectónica más imponente del siglo XIX– apunta ya a un capitalismo integral, donde existe la total absorción del mundo exterior en un interior planificado en su integridad. Si se acepta la metáfora del «palacio de cristal» como emblema de las ambiciones últimas de la Modernidad, se reconoce sin esfuerzo alguno la simetría entre el programa capitalista y el socialista: el socialismo no fue otra cosa que la segunda puesta en práctica del proyecto de construcción del palacio. Después de su liquidación, se ha hecho evidente que socialismo y comunismo fueron estadios en el camino hacia el capitalismo. Ahora se puede decir abiertamente que el capitalismo es algo más que un modo de producción; apunta más lejos, como se expresa con la figura de pensamiento «mercado mundial». Implica el proyecto de transportar todo el contexto vital de los seres humanos que se hallan en su radio de acción a la inmanencia del poder de compra.

A principios del siglo XX, las casas de cristal fascinaban a una gran cantidad de artistas y escritores de la vanguardia europea. En un contexto de densificación urbana, el ideal de un hábitat de paredes transparentes cuestiona el valor de lo íntimo y el apego al hogar. El sueño de un espacio completamente abierto, en el que se abolieron las fronteras entre lo interior y lo exterior, lo local y lo universal, lo privado y lo común, aparece en los textos de Paul Scheerbart, de André Breton y de Walter Benjamin. De la utopía estética, las casas de cristal pasaron a ser, en función de sus evoluciones, una utopía política para, finalmente, caer en la pesadilla de la vigilancia totalitaria.