Una Burbuja de Fantasía

Escrito por Gabriela Pérez

No es justo que los ambientalistas nos estemos partiendo todos los días aclamando al público que estamos en una emergencia climática para que todos juntos y todas juntas luchemos contra el cambio climático con acciones diarias para que lleguen los líderes, nuestros “representantes”, a Glasgow, Escocia a las Conferencias de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas (COP26) y propongan lograr sus metas al 2050. El objetivo principal de la COP es acordar y acelerar la acción sobre el Acuerdo de París y planificar nuevos objetivos en base al contexto y la actualización de datos para los próximos cinco años.


Poniendo en contexto, el Acuerdo de París se realizó en el año 2015 en la COP21 en el cual más 174 países y la Unión Europea firmaron, mediante representantes de los países involucrados, un consentimiento hacia las medidas y objetivos que se presentaban en dicho acuerdo. El compromiso principal de este acuerdo es que no deben permitir que la temperatura global aumente muy por debajo de 2ºC en comparación con los niveles preindustriales, limitar este aumento a 1.5ºC; promover la adaptación y aumentar la reacción rápida a las posibles consecuencias al cambio climático; y disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero.


Esta COP26 era y tenía que ser importante, se promocionaba como “la mejor y la última esperanza” pero la esperanza si muere en algún momento. Las personas que esperábamos este evento teníamos la ilusión que se concluyeran y se vieran cosas diferentes, pero tal parece que todo empeoró. Los ambientalistas en lugar de tener esperanzas vieron decepciones. Doce días de puras promesas vagas sin planes concretos para cumplirlas. La única que fue a representarnos realmente fue Greta Thunberg, la joven activista sueca, al encarar a los políticos y a sus representantes:

“La gente en el poder puede seguir viviendo en su burbuja llena de fantasías, como el crecimiento eterno en un planeta finito y las soluciones tecnológicas que aparecerán repentinamente de la nada y borrarán todas estas crisis sin más”, dijo.

El evento iba a realizarse el año pasado, pero por cuestiones sanitarias que ya comentamos en los artículos pasados, no se pudo realizar. En este lapso de seis años ocurrieron consecuencias climáticas graves que no se prestaron atención o simplemente fueron ignoradas esperando ser olvidadas por la población como incendios forestales quemándose más de 1,000 hectáreas no solo en México sino Australia y Estados Unidos, crisis alimentaria, agricultura frustrada, cambio de temperatura en océanos y mares, cambios de temperatura en las estaciones del año, inundaciones inesperadas, temblores en lugares que no están catalogados como zonas sísmicas, entre muchas más. Pero mientras más nos “adaptamos” como habitantes de este planeta a las consecuencias de nuestros actos, menos actuamos a favor del planeta y solo esperamos el fin del mundo.



Estados Unidos, por decisión del expresidente Donald Trump, no fue parte de la COP25. Este año, Biden decidió regresar, ¿por la puerta grande? Esperemos. Estados Unidos y China son los dos países mayores emisores de carbono en el mundo, así que ellos tienen aún un mayor compromiso mundial, tal cual lo mencionó la directora ejecutiva de Greenpeace International, Jennifer Morgan. Pero, aun así, sorpresivamente los rivales globales dijeron que trabajaran juntos para alcanzar el objetivo que se estableció en el Acuerdo de París. John Kerry, representante de Estados Unidos y del presidente Biden, mencionó que, aunque entre los países existen demasiadas diferencias, el clima es vital.



Pero la directora de Acción Política del clima en la organización WWF, Genevive Maricle, no tan convencida de lo que estos países planeaban mencionó y puso en claro su opinión:

“Debemos seguir claros sobre lo que todavía se necesita si los dos países cumplen con la reducción de emisiones necesaria en los próximos nueve años: el ajuste del 1.5ºC requerirá una respuesta de toda la economía.”

Pero bueno, esperemos alcanzar a ver a los dos rivales lograr su cometido, pues sus propuestas son para cumplirse entre el 2050 y el 2060 pero no creas que firmaron hoy e inician mañana, ellos firmaron hoy y empezarán a reducir sus emisiones de carbono en el 2026. Hace diez años, las potencias mundiales prometieron destinar 100,000 millones de dólares anuales al financiamiento climático de los países más pobres para 2020, pero ¿qué creen? Aún deben los dólares que prometieron. Entonces, ¿qué podemos esperar de esta “colaboración”?


Volvemos a aplicar la frase que les dicen a los ecológicos, hippie come flores: “¿para que dejas de hacer basura si al fin de cuentas tu acción no cuenta? Las empresas grandes contaminan más”, “no estamos en emergencia climática, nuestros representantes dicen que todavía tenemos hasta el 2060 para mejorar nuestro planeta”. Mientras haya más Gretas en el mundo, que con una pequeña acción logra que millones de jóvenes cada mes se manifiesten contra los políticos de sus países y ciudades donde viven a favor de las acciones contra el cambio climático, a las empresas no les quedará de otra que cambiar sus ideales y acelerar sus propuestas.

¿De qué bando eres?

¿De los que deben o de los que los hablan poco y hacen mucho

por ganarse la estancia en nuestro planeta?


¡GRACIAS POR LEER!


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