¿FUNCIÓN O FORMA?

Escrito por Min Peniche



“…Nosotros no seguimos a la forma o a la función, nosotros perseguimos a las atmósferas…”.

Esta es mi respuesta cada vez que nos preguntan si nuestra arquitectura parte de la función o la forma, estamos tan cómodos en pensar que estas dos son las únicas respuestas, que no nos ponemos a analizar la parte emocional y sensorial e irracional de los espacios que creamos.

Las atmósferas son la suma del espacio, materiales, acabados, gravedad, tiempo, vientos, temperatura, contexto, cultura y estado de ánimo que tenemos cuando recorremos la arquitectura de una manera casual, que es la manera real en la que se recorre la arquitectura.


Cuando creamos atmósferas le damos al espacio el potencial de ser un catalizador de emociones y de contextos, de sentimientos o de vistas. Un espacio puede provocar lágrimas al tiempo que enmarca un cielo nuboso o uno lleno de estrellas. Puede contarte una historia mientras la recorres, o puede pasar desapercibida y dejar que el contexto sea el protagonista.

Las atmósferas tienen la ventaja de ser flexibles, se estiran, se encogen y pueden ser modificadas por el ambiente y por el usuario, por un buen día o por uno malo, por un viento que recorre la obra o por el sol que la ilumina y que nos revela la hora del día.


¿Qué es más importante? ¿Qué pensó el arquitecto cuando diseñó la obra o qué experimentó el ser humano que la recorrió? ¿Cuál interpretación es la más válida? ¿Quién crea la verdadera esencia de la obra?


Dos amigos arquitectos recorrían uno de nuestros proyectos y discutían si había sido diseñado basándose en la forma o la función, cada uno daba evidencias de sus argumentos, pero me pregunté: ¿quién tenía la razón? La verdad es que los dos, o tal vez, ninguno…


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