ANDRES CASILLAS DE ALBA: La importancia de una Gran Amistad en la vida de un Arquitecto

Escrito por Camila Fuentes


La gran mayoría de arquitectos a lo largo de su trayectoria, buscan transmitir y dejar un legado a las futuras generaciones a través de sus diseños y conceptos, materializados en edificaciones, planos y bocetos, es por esto que la arquitectura se considera un lenguaje universal, donde el papel y el lápiz son esenciales para lograr una comunicación bilateral sin importar origen, lenguaje o religión.


En esta edición hablaremos de Andrés Casillas de Alba y su gran relación de amistad con su colega Luis Barragán.



Andrés es un arquitecto Mexicano, considerado un diseñador discreto y solitario, no le gustan las entrevistas ni dar explicaciones de sus obras, prefiere que cada usuario experimente y recorra cada uno de sus espacios, dejando su sello propio. Deja a un lado las modas y tendencias, por esto es difícil intentar clasificar su obra en alguna corriente o escuela.


Su infancia se desarrolla en ranchos familiares en Jalisco,Santa Bárbara, donde su madre es amiga del gran arquitecto Luis Barragán quien vivía en la Sierra del Tigre, amistad que años más tarde sería de gran importancia para Andrés Casillas. De Alba empieza sus estudios en Guadalajara, termina su carrera, viaja a Alemania y estudia en la Hochschule für Gestaltung, escuela heredera de los postulados de la Bauhaus. Regresa a México en 1961 , donde empieza su vida laboral junto a Augusto H. Álvarez trabajó por un año en el proyecto de la Galería de Arte Mexicano (su primera construcción en el país). y luego se reencuentra con Luis Barragán y le pide trabajar con él en el diseño de urbanización de la zona de lomas verdes, la casa Egerström, entre otros más, desde 1964 a 1968.


Aquí Andrés surge como discípulo de Barragán, quien lo marcaría como arquitecto independiente a partir de 1969, buscando las mismas premisas: belleza, serenidad y silencio, considerado el sucesor y heredero espiritual de Barragán, pero con su propio lenguaje.


Andrés recuerda dibujar varios croquis y comentarle a Barragán, “ya no se me ocurre nada más” y él siempre le contestaba: “¡pues que se te ocurra!”. fue un gran maestro quien estimuló su creatividad y su gran potencial; para Andrés fue una experiencia memorable el poder ser guiado por un maestro de la arquitectura como lo fue Barragán, en alguna ocasión manifestó que a pesar de la diferencia de edad se llevaban muy bien.


El arquitecto continúa a través de los años dejando un legado arquitectónico de destacar, tiene como principio la relación entre espacios interiores y exteriores. Andrés deja su sencillez como principal herencia a las futuras generaciones, siempre creyendo que la arquitectura debe verse con ojos de inocencia, esta humildad arquitectónica la aprendió de Luis Barragán. A sus 85 años, sigue activo, viajando y produciendo. Y actualmente, forma parte de uno de los equipos que concursan para la ampliación del Aeropuerto de Guadalajara.


La relación de estos dos grandes arquitectos es una gran lección para los futuros profesionales, deja una gran reflexión de hermandad y la importancia de tener un mentor, alguien de guía e inspiración a ser cada vez mejores arqutect@s y de igual manera excelentes personas.



¡GRACIAS POR LEER!

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