Las Tácticas Indecentes del Urbanismo

Escrito por Giovanni Llamas


En muchas ciudades de México, sus gobernantes hoy se encuentran trabajando e intentando cumplir con la cuota de obra publica para poder justificar el presupuesto. El problema viene con la palabra justificar, que no necesariamente es darle una razón de por que se esta invirtiendo el dinero de “tal o cual forma”. Y es mas bien u pretexto para decir que se invirtió el dinero porque de manera ¡¡URGENTE!!, la ciudad necesitaba macetas o peatonalizar una calle donde la foto para el “Insta” o el video para “Tiktok” se verán increíbles.


Y aquí es donde comienza la ironía, ya la mayoría de las ciudades tienen oficinas dedicadas a la planeación y administración de la ciudad (incluso de manera estatal y nacional, existen estos organismos que podrían llevar a la planeación a un nivel metropolitano y de un verdadero plan nacional, con base en la agenda internacional propuesta por la ONU en su programa UNHABITAT) Pero tristemente estas oficinas no pueden ir mas allá de intereses políticos


En estas oficinas algunos de los grandes profetas (y citado al por mayor) son el arquitecto Jan Gehl, seguido por la periodista Jane Jacobs, terminando con Sergio Fajardo o algún otro personaje colombiano. Los siguientes dos pasos se les conoce como las herramientas urbanas de “Urbanismo táctico” y “Urbanismo Participativo”. El segundo sirve como base y justificación del primero.


Con este protocolo o etiqueta, se comienza por sensibilizar a la “gente del lugar” sobre los proyectos, se realizan algunas dinámicas, ponen a los niños a dibujar como se imagina su ciudad, buscan a la “líder” de la zona para que empiece a impulsar el proyecto, en algún caso se habla sobre las maravillas del turismo y la presencia que tendrá el lugar en cuanto se termine de construir ese anhelado proyecto.


Finalmente llega el día en el que con un montón de ilusión la ciudad inaugura su proyecto. Que por cierto, es una imitación de algo que leyeron y vieron en alguna revista o portal de urbanismo que hizo Jan Gehl en alguna ciudad europea pero “tropicalizado” para que pueda “dialogar con su contexto” y se adapte, a partir de los “resultados” obtenidos en las consultas ciudadanas como debe de ser en el urbanismo participativo e incluyente, como modelo o proyecto “piloto” a manera de “experimento urbano”, y donde se esperara con ansia el resultado de como se comporto la ciudad con ese proyecto.


No ha pasado ni una semana, cuando llega el primer “periódicazo”, aparecen los “post” de Facebook, o el “tweet” y por todos lados salen las críticas. Cuando hay televisión local, pronto aparece una entrevista con la señora que se ha visto beneficiado por ese proyecto, anunciando como sus hijos ya tienen una mejor calidad de vida y que ese proyecto es: Lo mejor para la ciudad.


Y con todo ese realismo mágico que caracteriza no solo a México, pero a toda Latinoamérica, se publica en varias revistas el “proyecto piloto”, los políticos lo anuncian cada que tienen oportunidad, pero al poco tiempo, simplemente se vuelve en un problema, si son bicis, el sistema no se usa, si son macetas, las plantas se mueren y si es una calle peatonal, pronto sus habitantes “originales” comienzan a vender por que les llego la “plusvalía”. Este escenario se repite una y otra vez, y en forma poética de: Crónica de un fracaso urbano Anunciado. La política y su grilla lo toman para el clásico “dimes y diretes”, en donde se anuncian las nuevas estrategias urbanas y como ahora sí, ¡Va a cambiar todo!