Posibilidades de un Espacio para Pensar

Apuntes del libro: "La cabaña de Heidegger, un espacio para pensar Sharr, Adam"


Escrito por Susana López Gonzalez

En el verano de 1922, Martin Heidegger reconocido filósofo alemán (1889-1976) comenzó a habitar en medio de las montañas, una pequeña cabaña en el Sur de Alemania, trabajando desde esa cabaña muchos de sus más conocidos escritos durante 50 años. Este libro, escrito por Adam Sharr, a través de una narrativa describe la intensa relación entre el lugar y la persona, Heidegger y su cabaña.


En una fotografía literaria imaginaria y complementado con imágenes del mismo filósofo en la cabaña, es la intimidad emocional e intelectual del habitante con su espacio mínimo y sus alrededores el protagonista y antagonista de la historia, y el autor del libro expone constantemente la cabaña como un espacio de contacto continuo con la existencia de su habitante (Heidegger) y su pensamiento.


Un análisis que, en mi lectura, no profundiza de forma heideggeriana ni de forma extensiva las circunstancias de su construcción, la propia configuración de la cabaña y la que el uso que el filósofo hacía aquel espacio para que, desde ahí, apuntar las posibles claves que permitirían establecer la relación entre el modo de habitar y el pensamiento del individuo y lo que conlleva esta relación en el paso del tiempo de nuestra historia edificada. La discusión actual sería entonces, acerca de la clase de espacios domésticos y urbanos que estamos generando, a sabiendas que serán un contenedor de las personas que los habitan o transitan y la construcción de sus pensamientos acorde a estos autores. Más que la cabaña, lo radical se concentra en el pensamiento existencialista producido por el habitante de dicho espacio.


Si bien es un libro meramente narrativo del espacio construido por Heidegger hacia finales de su vida, no encierra en su totalidad la concepción heideggeriana del ser en el mundo como un habitar poéticamente, el debate podríamos centrar en sí sólo un espacio mínimo bien construido, serviría para provocar actividades de reflexión o pensamiento o también el emplazamiento de este espacio juega un papel fundamental, o simplemente no son necesarios para el desarrollo intelectual de un habitante. Validando al paisaje natural como el espacio donde tiene lugar la vida humana y combinada con la edificación ¿estos serían un condicionante para propiciar el espacio ideal para generar individuos pensantes? ¿Qué hacer con los espacios degradados entonces? ¿Sólo las personas que tienen acceso a casas de campo, o espacios y contextos armoniosos serían capaces de generar un pensamiento de valor? Sin duda tenemos ejemplos contrarios y confusos de ambos escenarios. ¿Son la arquitectura y el contexto un factor más en el envolvente de la construcción de las ideas de los individuos, así como lo son la cultura, el lenguaje y el sistema económico y político?


La vivienda y la ciudad son mucho más que un edificio o conjunto de edificios y vialidades, son el lugar que creamos y en el que nos desenvolvemos y en donde nos enfrentamos con nosotros mismos y con el otro; sin nosotros, el edificio y la ciudad, son un simple conjunto de inmuebles sujeto a la degradación y el tiempo. ¿Se debería entonces diseñar un edificio o una ciudad, para generar espacios que trascienden la meramente habitabilidad o el concepto del cobijo? y lo que conlleva la Arquitectura como un constituyente de una protección para la interacción del individuo con la realidad y la modificación de la realidad.


En el libro Construir, habitar y pensar, de Heidegger, promueve una crítica severa a la aspiración utópica de la técnica contemporánea a racionalizar y convertir en intercambiable la experiencia de habitar por un losas y muros concebidos como una máquina para habitar.


¿Por cuestiones de tiempo y presupuesto, habría otra forma de reconstruir la vivienda sin la tecnificación después de la Segunda Guerra Mundial? La reconstrucción, sin una relación con el entorno, edificios y habitantes, crea espacios según el autor, para la alienación (aspiración protoburguesa) y desarraigo (abandono del entorno, no involucramiento voluntario), como un espacio circunstancial donde bien vale no involucrarse porque se aspira a algo “mejor” ¿Habrá cambiado algo actualmente en la construcción masiva de vivienda mínima en nuestro país a la que se dio en la Segunda Guerra Mundial? La reconstrucción o construcción de vivienda debería de ser además moral, social y económica, ya que, si bien no estamos en momentos bélicos como tales, (implicando la realidad de violencia actual) estamos construyendo espacios derivados de impulsos de mercado, sin saber que “campos de cultivo de pensamiento” estamos generando. Y el ejemplo se puede replicar también sin duda alguna en los grandes centros comerciales ajenos totalmente al espacio colectivo.


Cuando este filósofo reflexiona sobre el significado de «construir», en alemán antiguo el término equivalente a construir (edificar) «buan», mantiene una semiótica que implica, a la vez, habitar. Es entonces que construir no se entiende sin habitar, es decir, sin un uso activo del espacio. ¿Deberíamos dejar de hablar de “constructoras” y de “desarrolladoras” solamente? ¿constructoras de qué? ¿O bien, desarrolladoras de qué? No sólo se construyen losas y muros según estos autores se construyen “albergues de pensamiento” ¿Es inherente en el término “construcción” su mismo nombre y mismo objetivo? Tal vez sea entonces brutalmente cierto, solo se “construye” sin el hecho de habitar y se “desarrollan” entonces sólo créditos inmobiliarios.


Sin la interacción de quien lo usa, un espacio no puede ser una vivienda o un entorno urbano, no es sólo es “ocupar” un espacio o transitarlo a determinadas horas del día, la casa se habita y el entorno urbano también se habita. Según el autor Sin «construir» (hacer de un lugar espiritualmente nuestro), no podemos “habitar”, y sin habitar no podemos “pensar” de un modo auténtico, ya que la condición humana es inherente al ser en el mundo.


La amenaza contemporánea del formateo de la vivienda y el espacio público siguiendo sólo los códigos de edificación de cada lugar, y de ahora las “tendencias” del diseño, se han replicado sin más intención más que la de amoldarse a una demanda de mercado que responda al status, y no está generando precisamente sujetos pensantes ni en el alto ni el bajo sector económico. La arquitectura y la ciudad son síntomas inequívocos.


Ambos modelos el de la opulencia y el de la escasez estarían condicionados por la voluntad de generar la sorpresa inmediata y el aplauso fácil, o el acceso de una “felicidad” al obtener un crédito para la compra de una vivienda olvidando las necesidades profundas del lugar y de quienes allí vivirán.


Se debe poner sobre la mesa que la relación entre construir, habitar y pensar es propia para el desarrollo de la condición humana y esa condición humana se traduce a una condición comunitaria, por tanto de la polis.


Si lo construido es un campo cultivo de pensamientos y emociones y no sólo de un número de personas que necesitan solventar su necesidad de cobijo, al concebirse en un lugar y para unos fines concretos, la arquitectura puede desarrollar su propia conciencia de fuerza. Un espacio mínimo no es sinónimo de pobreza ni de pocos recursos, como tampoco un gran espacio (tamaño, calidad) sinónimo de agentes pensantes. El qué y el cómo de la praxis arquitectónica respaldada por un pronunciamiento filosófico fuerte, debería de volver el diseño del “habitar” individual y colectivo al de un habitar auténtico.


Heidegger comienza en su ensayo Construir habitar pensar: "Este pensar sobre el construir no tiene la pretensión de encontrar ideas sobre la construcción, ni menos dar reglas sobre cómo construir". La afirmación muestra claramente que para Heidegger las artes tienen sus particulares problemas profesionales, sobre los cuales él, como filósofo, no se sentía calificado para discutir. Su propósito no era ofrecer una explicación, sino ayudar al hombre a volver hacia un habitar auténtico. Claramente el debate lo deja abierto y el problema es continuo, seguimos solo “construyendo”.


Para ir cerrando la discusión, podríamos repasar los puntos principales del pensamiento de Heidegger sobre la arquitectura. El punto de partida general es el pensamiento de que el mundo sólo emerge como lo que es, cuando es "dicho" o "puesto en obra".

Los problemas no están resueltos. Esto es evidente en la práctica arquitectónica, donde el funcionalismo se abandona mientras que está surgiendo una arquitectura de las imágenes fetichistas (de la forma marxista). El pensamiento de Heidegger podría ayudarnos a comprender lo que esto implica, lo que diseñamos es un contingente de la estructura de pensamiento y emoción de los habitantes.


REFERENCIAS. Heidegger, Martin. "Construir habitar pensar".


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