Proyectar por medio de la Experiencia

Escrito por Octavio Fujarte

La hoja en blanco, pareciera ser en muchas ocasiones lo equivalente al pánico escénico en el teatro, es como si nos percatáramos que tenemos preguntas sin resolver, ideas inconclusas o inconexas. Preguntas tales como ¿Cómo comenzar a proyectar? ¿Qué quiero sentir, ver, oír, oler? O es más tal vez ni siquiera sabemos que queremos. Incluso estoy experimentando esa misma sensación al escribir este artículo, y aunque sé que en ocasiones no sé qué es lo que quiero o lo que busco, pero sí sé que es lo que no quiero y lo que no busco.


Desde siempre, he tenido en la mente una duda, y en mi estudio personal busco cada vez esclarecer más esa incógnita que me acongoja, ¿es posible hacer una arquitectura sensorial? ¿Es posible medirla? ¿existe síntomas en la arquitectura como si tratara de un organismo, es decir, arquitectura sana o doliente? ¿Qué tan consientes somos de quien lo habitara? Y más preguntas que vienen a mi mente, y entre tanta información, damos por hecho que lo que se nos enseña en la facultad es lo único que debemos aprender y ya está, no hay mayor conocimiento o que aquellos conocimientos son “un extra para alimentar un tema”, sin embargo, no creo que sea así.


EL CUERPO HUMANO TIENE SU PROPIA CONCIENCIA


He notado que cada que se habla de arquitectura existe ese eterno debate de “Función o Belleza”. En lo personal pienso que esos análisis solo se centran en la arquitectura como un sistema o un objeto con características geométricas y compositivas, algo que no está mal, si me lo preguntan, no obstante, para mí, la arquitectura va más allá de eso.


No existe un método como tal, por eso me atrevo a decir que autores y maestros como Peter Zumthor, Alvar Aalto, Frank L. Wright, Aldo Rossi, por mencionar algunos. En sus escritos suelen inspirar experiencias, observaciones y creencias personales como si siguieran una filosofía más “empirista materialista”, y reconozco que suena rebuscado, pero realmente si analizamos sus enseñanzas hablan de arquitectura sin necesidad de hablar de arquitectura, y considero también que una de las mejores frases que puede impulsarnos a seguir investigando o buscar esa metodología es aquella que dijo el Maestro Barragán:

"Miren muchachos, no hagan lo que yo hice, vean lo que yo vi"

incluso añadiría:

“no solo ver, sino experimentar, oír, oler, sentir, y ser conscientes de ¿dónde estás?”

Ya que es cuando suscita el dialogo entre el espacio y quien lo está viendo, es como sentirse ante un monstro lovecraftiano, y sentirse pequeño ante un gigante, en este caso “el espacio”.


Siendo tu percepción, tu experiencia, tu cuerpo, quien puede guiarte a desarrollar una buena idea.


EL EMPIRISMO MATERIALISTA

Como tal nos dice que “la experiencia sensorial reside en el mundo exterior y existe objetivamente.” Y si bien existe la contradicción fundamental entre empirismo y racionalismo no surge en la fuente de “el saber” sino en “la experiencia vivida”, algunos autores como Zumthor nos insta a analizar los espacios, no solo con el ojo o los sentidos, sino incluso en recuerdos, o “la experiencia vivida”.



Algunos racionalistas concluyen que “nada hay en la mente que no se haya dado antes por las sensaciones.” Y justamente este es el punto de divergencia que existe en el empirismo y el racionalismo, porque infiere la experiencia, es decir, no somos iguales, pese que hablemos el mismo idioma, o vivamos en el mismo continente, las condiciones no son iguales, aunque dos hermanos vivieran en condiciones similares, no sería la misma experiencia, porque “la experiencia no es capaz de proporcionar sabiduría universal” y en ocasiones buscamos respuestas que le funcionen a todas las personas, como si de un café de Starbucks se tratara, pero pensar que la arquitectura es una postura populista, es no darle el valor al habitar sin preocuparse del usuario, en el recorrido, en el ¿Qué sentirá?, ¿Cómo entrara la luz en el espacio?, ¿Qué sensaciones nos transmiten?.



Por último, y como dijo Jean Paul Sarte un filósofo y escritor francés. “Hoy en día sabemos cómo se hace todo, excepto vivir.” creo que es una frase que debemos darle la importancia que merece, el riesgo más grande para quienes nos dedicamos a diseñar y construir, no es buscar una tendencia en sí, sino enfocarse en la “arquitectura de manual”, es decir aquella arquitectura objetual para resolver necesidades, sin hacer relaciones, por ejemplo, una ventana para ver puede ser de muchas formas y maneras, pero ser consciente de la pregunta ¿qué verá? o ¿qué sentirá?, es más valioso que el elemento en sí, igual ni siquiera se use la ventana para ventilar o iluminar, tal vez esa función, pasa a segundo lado cuanto estas enmarcando la naturaleza, algún paisaje o se genere algún filtro para evitar ver cables y demás ruido, y puede que “no sepas qué es lo que quieres, ni lo que buscas, pero si sabes lo que no quieres y lo que no buscas”. Considero que, haciendo esta mayéutica, puede ayudar a poner el primer trazo en esa hoja en blanco.



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