Traté de pensar ¿Cómo podría vivir sin Dios?

Escrito por Abraham Cota Paredes

IG @abrahamcotaparedes

Traté de pensar cómo podría vivir sin Dios, ¿que sería necesario hacer?

Como generar una estructura de pensamiento que me permitiera vivir alejado de él.

Sin su perdón, sin su castigo o su premio.


Necesitaba hacer algo, el ir contra años de adoctrinamiento no es fácil. Eso lo llevamos dentro, forma parte de nosotros, no podría explicarme quién soy, sin su gobierno, el de la religión. Un buen libro puede cambiar lo que sea, transforma las mentes de los que lo leen, y mi religión y sus leyes habían afectado cada decisión de mi vida hasta ahora.


El vivir sin reglas es difícil, vivir sin orden, sin un juez que dicte una sentencia ante un acto que atente contra los demás o en contra de sí mismo. Los animales necesitamos estructura, alguien que nos diga que está bien y que está mal, saber cuándo hemos acertado y cuando nos equivocamos. Eso es Dios, o eso era, una persona cuya opinión está sobre todas las cosas, algo que me controla y me dirige, un camino donde no me puedo perder, porque él siempre me encuentra. El cobijo de Dios solo puede compararse con el amor de una madre, esa sensación mágica de sentirse completo, así es el amor de Dios, un sentimiento que te llena las entrañas de plenitud, el saber que uno jamás estará solo, porque él te acompaña en cada paso.


Recuerdo que cuando viajaba por Europa durante mis años de maestría en España, cada que llegaba a una nueva ciudad, buscaba su catedral, esos palacios de piedra avejentada por el paso de los siglos, me invitaban a penetrar en sus muros y sentirme minúsculo bajo sus bóvedas. La luz que inunda esos templos penetraba en mi alma como cuando regresas a casa después de un largo viaje. Siempre buscaba sentarme en una banca para entrar en comunicación con ese Dios que nunca me había dejado, pero que hoy me recibía en su casa.


IG @abrahamcotaparedes

Entrar en comunicación con Dios es todo un ritual, callar la mente y enfocarte en él, dirigir tus pensamientos hacia un ser que ya los conoce, pero que te agradece que se los repitas. Durante el rezo te expones, abres tus más oscuros secretos hacia un ser que jamás podrá compartirlos, como un psicoanálisis en el que vacías el lodo que llevas dentro en la persona que te escucha, donde al final, descansas por haberte liberado de un peso invisible que no te pertenecía.


Así es Dios… la religión, es otra cosa; el sistema de creencias, de dogmas, de normas, de obligaciones, de formas. El partido político de Dios



Alguna vez leí un artículo que comparaba el tener una gran pérdida con el proceso de dejar de creer en Dios. Imaginemos una mesa cuyas patas que la soportan tienen nombre, o ya que somos Arquitectos, imaginemos una losa, un techo, cuyo peso se apoya en columnas. Cada columna representa aquello que más nos importa en la vida, y sin su fuerza, el peso de nuestra existencia se puede venir abajo.


El techo de cada persona es diferente, la estructura mental de cada persona tiene distintos apoyos que la soportan, en algunos casos es la familia, los padres, los hermanos, un abuelo o la abuela, en otros casos es una profesión, un buen trabajo, una posición social, el conocimiento, una habilidad o una destreza. Hay personas que apoyan su vida en objetos, una casa, por ejemplo. El perder una casa para muchas personas es la tragedia más grande. Entonces entenderás, querido lector, que para muchas personas una columna puede ser su Dios o una pareja o ambas.


Cuando me divorcié de mi esposa, no solo la perdí a ella, también perdí a Dios, probablemente por la misma razón, ya no podía seguir soportando el peso de ambos. Pero aquí es cuando la analogía tambalea, como esas dos importantes columnas que eran vitales para soportar la estructura de mi existencia pudiesen ser un peso por sí mismos, no lo sé, quizá simplemente iban a colapsar tarde o temprano. Y cuando lo hicieron, se llevaron todo. Mi techo estuvo a punto de venirse abajo, de no haber sido porque, en los siguientes años, me dediqué a reforzar las otras columnas que lo soportaban. Como una mesa con 2 patas, pude salir adelante, pero tenía que darle sentido, tenía que justificar la falta de esas columnas.


Y dejaré aquí la analogía. Para adentrarme en el camino que tiene que tomar toda persona que se enfrente a una pérdida. El encontrar una razón para seguir adelante, y en una persona como yo, que necesita entenderlo todo, o al menos intentarlo, el enfrentarme a un mundo sin ella y sin Dios, me obligaba a definirme, a aclarar mis pensamientos, y tratar de encontrar un sistema que me permitiera llevar un orden en mi vida.


IG @abrahamcotaparedes

En el amor sigo sin entender nada, y por ahora así seguiré. Pero en la existencia, en el razonamiento que me ayude a entender que soy sin Dios, que hago sin Dios, a donde voy sin Dios, tendría que darles nombre y apellido a nuevas leyes para gobernarme a mí mismo y entender aquello que me rodea y que también soy yo. Me encuentro actualmente construyendo ese sistema, dándole forma a mis mandamientos, comprendiendo que soy, y por qué estoy aquí, hacia donde me dirijo, con qué herramientas cuento para construirme.


Yo soy yo y lo que me rodea es un reflejo de mí mismo.


Abraham Cota Paredes


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